
|
Text Post Tue,
Mar. 01, 2011 If the Internet and TV didn’t exist, what would you spend most of your time doing?Maybe reading. I love books. Posted this 1 year ago ♥
Photo Post Sat,
Nov. 13, 2010 6,996 notes ![]()
(via happymonsters) Posted this 1 year ago ♥
Photo Post Sat,
Nov. 13, 2010 2,194 notes ![]()
Posted this 1 year ago ♥
Photo Post Sat,
Nov. 13, 2010 441 notes ![]()
(: best day ever (via rulesthesky) Posted this 1 year ago ♥
Photo Post Fri,
Nov. 12, 2010 1 note ![]()
(Source: letusbeinlovetonight) Posted this 1 year ago ♥
Photo Post Fri,
Nov. 12, 2010 16,865 notes ![]()
who doesn’t? (Source: 0neirophobia, via god-onlyknows) Posted this 1 year ago ♥
Photo Post Fri,
Nov. 12, 2010 4,150 notes ![]() jksdfjsd xD (via abismos-infinitos) Posted this 1 year ago ♥
Text Post Fri,
Nov. 12, 2010 1 note Novela Jonatica - Behind enemy lines [ALMP 2] {Cap. 50}CAPÍTULO 50 – MENTIRAS -NARRA APRIL- Pasar la tarde en el estudio con Nick era uno de los mejores planes que se me podían ocurrir. Sin embargo, la cosa cambiaba cuando contábamos con una invitada especial: Gabriella. Después de estar durante horas enseñándole todos y cada uno de los instrumentos de los Jonas, pareció quedarse contenta, porque nos hizo saber que tenía hambre. -Podemos pedir unas pizzas –propuso Nick, saliendo del estudio para dirigirse hacia el salón de su casa. Ambas asentimos, caminando detrás de él. -Sabes, siento como que no debería estar aquí –le dije a Gaby cuando Nick se adelantó para llamar a la pizzería. La fan me miró confundida –quiero decir, tú has ganado un concurso para estar con Nick Jonas, no con Nick y una intrusa. Ella sonrió comprensiva. -En realidad no me importa. También quería conocerte a ti –me dijo. -¿Ah sí? ¿y eso por qué? –pregunté, algo descolocada. -No sé, siento como que eres una buena persona… y me gusta la pareja que hacéis Nick y tú. No pude evitar sonreír de oreja a oreja, seguramente roja de la vergüenza. -Vaya, gracias –murmuré. Gabriella se rió al ver mi expresión. -No hay de qué. Y yo pensando que esa chica era una amenaza… -Genial, dicen que tardarán sólo 20 minutos –dijo Nick, apareciendo de repente con su móvil en la mano – ¿Os apetece que veamos alguna película? No parecía extrañado de que Gaby y yo pareciéramos más unidas que en toda la tarde, pero inusualmente, se acercó para cogerme de la mano y pegarse a mí. -Iré mirando esa gran colección de dvds que he visto en el salón –dijo ella, saliendo de allí y dejándonos solos. -Creía que querías mantener un poco las distancias mientras que ella estuviera por aquí –le susurré a Nick con expresión divertida. Él negó con la cabeza. -Bueno, hasta ella misma ha dicho que hacemos buena pareja –me dijo, sin poder reprimir una sonrisita. -¿Has estado escuchando nuestra conversación? –pregunté fingiendo estar escandalizada. -No podía alejarme demasiado. Me daba miedo que intentaras arrancarle los pelos en mi ausencia. -¿Qué? Yo nunca haría algo así –respondí. Nick se rió ligeramente. -Sí que lo harías. Estabas celosa, ¿verdad? Giré la cabeza, intentando no reírme para no estropear mi postura de ofendida. Sin embargo, no pude evitarlo. -Sí, un poco –contesté. -Pues ya ves que no tienes que estarlo –contestó Nick, dándome un beso breve en los labios. -¡Creo que ya he decidido! –gritó Gabriella desde el salón –¿qué os parece Casino Royale? Daniel Craig está súper bueno. -Y que lo digas… -murmuré. Ahora fue Nick el que me lanzó una mirada, haciendo que me riera. -Tienes suerte de que me encanta esa película –dijo. James Bond Casino Royale con Nick y una fan. Seguramente me habría parecido un plan imposible un día antes, pero ese día, incluso me apetecía. -NARRA LIZ- -No tienes por qué llevarme a casa, David. Puedo coger un taxi –le dije. Habíamos pasado toda la tarde de compras, y la verdad, me lo había pasado bastante bien. Me había ayudado a elegir un vestido precioso para la boda y había conseguido mantener las manos en los bolsillos todo el tiempo. Sin embargo, al ofrecerse a llevarme a casa sólo ponía una cosa en mi cabeza: que se querría quedar a cenar conmigo. -No vas a coger un taxi a estas horas, Lizzie –me dijo, abriendo la puerta de su coche para que subiera –. Venga, sube. Si Joe se entera de que te dejo volver a casa sola tan tarde, seguramente me matará. ¡Ah, sí! Casi se me olvidaba que Joe le había pedido que me hiciera compañía. No sabía nada de él en toda la tarde, pero tenía pensado llegar a casa y llamarle para que viniera a estar conmigo esa noche. -Está bien… -murmuré, subiendo al coche de David. Cuanto antes llegara a casa, mejor. Me daría una ducha y llamaría a Joe. Él vendría, me pediría disculpas y cenaríamos juntos. Y quién sabe, puede que se quedara a dormir. -El vestido es muy bonito –dijo David, sin apartar la vista de la carretera. Sonreí. -La verdad es que sí. No lo habría conseguido sin tu ayuda –contesté. Carraspeé un poco, incómoda –. Gracias por venir a sacarme de la cama. Creo que me habría pasado el resto de la tarde deprimida. -No hay de qué. Después de que Joe me llamara sabía que no debías de estar muy bien. -¿Qué te dijo Joe? –pregunté, curiosa por saber cómo había sido la conversación de esos dos. -Pues… me dijo que iba a pasar la tarde solo, que le dijera a Nick que tendría su coche durante el resto del día –murmuró David. -¿Y te pidió que vinieras a hacerme compañía? –insistí. Al menos, eso era lo que me había dicho. David pareció ponerse nervioso. Acabábamos de entrar en mi calle, casi desierta. -Pues… la verdad es que… no. ¿Qué? -¡David, me habías dicho que Joe te había pedido que vinieras conmigo! –exclamé alarmada –¿qué crees que va a pensar mi novio cuando sepa que he pasado la tarde con su mejor amigo mientras que él lo estaba pasando mal? Henrie se quedó callado, mirando al frente. -Creo que podrás preguntárselo ahora mismo –murmuró, frenando delante de mi casa. Seguí su mirada hasta encontrarme con Joe, que estaba sentado en la puerta, mirando el coche con los ojos entrecerrados. Mierda. En cuanto nos vio llegar, Joseph se levantó de un salto y se quedó con los brazos cruzados. Me di prisa a bajar del coche. -Hola, Joe –murmuré, sin saber muy bien qué decir –¿Estás bien? Él me miró durante unos segundos, para luego mirar a su amigo, que no se atrevía a bajar del coche. Luego, se fijó en mis bolsas con mis nuevas compras. -¿Habéis ido de compras? –preguntó, volviendo a clavar sus ojos marrones en los míos. Sentí que las piernas me temblaban, por miedo y nervios. -Sí… David me ha ayudado a elegir un vestido para la boda –murmuré, intentando no meter la pata. -¿Te vas ya? –le gritó a David, que acababa de poner en marcha el motor. El muy cobarde le miró desde dentro, asintiendo simplemente. Luego, aceleró y salió de allí a toda velocidad. El muy imbécil… -Joseph, ¿estás bien? ¿Por qué querías estar solo? –le pregunté, en un intento de cambiar de tema. Él frunció los labios. Mierda. -Estoy… bien –respondió, sin apenas moverse. -Vale… vale. Entra; podemos cenar juntos –propuse, intentando cogerle de la mano. Para mi sorpresa, él entrelazó sus dedos con los míos. Suspiré aliviada. Sin decir nada, entramos en la casa y nos dirigimos al salón. Sin embargo, me di cuenta de que tenía que colgar el vestido o se arrugaría. -Joe, ahora mismo bajo, ¿vale? –le dije, apartándome un momento –; tengo que guardar esto. Tomé su silencio como un asentimiento, así que salí corriendo hacia mi habitación, intentando darme prisa. No quería dejar a Joe solo mucho tiempo: aún tenía miedo de que cambiara de opinión y se fuera. Y estaba segura de que no podría soportar estar una noche más sin él. Saqué el vestido de la caja, extendiéndolo ante mis ojos. La verdad, era precioso. Me imaginé cómo sería ir al lado de Joe en la boda con él puesto. Sonreí al verme en el espejo. -Es verdaderamente bonito –dijo de repente Joe, apoyado en el marco de la puerta. Di un respingo. -Me alegro de que te guste –le dije, dirigiéndole una sonrisa mientras colgaba el vestido en lugar seguro. -Me habría gustado poder ayudarte a elegirlo –murmuró. ¿Por qué estaba tan raro? Porque me había visto llegar en el coche de su mejor amigo, por eso. -Pero yo quería que fuera una sorpresa para ti –contesté. -Yo ya te había comprado uno –dijo Joe, acercándose hacia mi cama y arrodillándose para sacar una caja de debajo. Le miré asombrada. -¿Cuándo… cuándo lo has comprado? –balbuceé, mirando la caja blanca que él sostenía. Por primera vez en toda la noche él sonrió. Sin embargo, no era de esas sonrisas que me gustaban, sino una que parecía… amarga. -Esta tarde. Sin saber cómo, he acabado en el centro comercial y he visto este vestido en una tienda –murmuró –. Lo único que he podido pensar es en cómo de bien le quedará a mi Galletita. -Joe yo… -ahora me sentía fatal por haberme ido con David. Pero tampoco era mi culpa, ¿no? El muy idiota me había hecho creer que Joe lo quería así. -¿Te lo has pasado bien con David esta tarde? –preguntó Joe de repente, obviamente dolido. Aguanta las lágrimas, Galleta. No tienes por qué sentirte culpable. -Joe, lo siento mucho –exploté –no… no sabía que… David me dijo que tú le habías pedido que viniera a hacerme compañía… -¿Eso te dijo? –murmuró mi novio. Asentí como una posesa. -Sabes que yo no me iría con él así como así. Además, sabía que estabas mal esta tarde… yo quería estar contigo. -No debería haberme ido tan dramáticamente, ¿verdad? –dijo Joe, mirándome con la cabeza gacha. -La verdad: no –respondí –estaba preocupada por ti. Pero no me dejaste ir contigo… -Soy un estúpido –murmuró él. Corrí hasta su lado. -No… la estúpida soy yo, por creer al imbécil de Henrie. Lo siento, Joseph. Me apartó el pelo de la cara, cariñosamente. Luego, clavó su mirada en la mía, acercándome hacia sí por la cintura. -Te quiero –dijo, dándome un beso en los labios. Aún así, el beso fue un poco raro. -NARRA ANNE- Despreciaba la idea de seguir quedando en ese sitio, y me estaba dando cuenta ahora de lo mucho que me arrepentiría el resto de mi vida. Llegué al vestíbulo del hotel y pedí la llave, que él había dejado para mí, esperando. Yo sabía que a Javier le gustaba jugar a todo ese rollo de “amantes ocultos”, que se esconden en habitaciones de hoteles para no ser descubiertos. Y no iba a mentir, a mí también me excitaba al principio. Pero ahora, a menos de 4 días de mi boda, no podía seguir haciéndolo. Mirar a los ojos a Kevin se me estaba haciendo cada vez más difícil, así que había tomado una decisión. Caminé con decisión por el largo pasillo hasta la habitación 3020, la misma de siempre. Casi era como nuestro pequeño refugio. Nada más abrir la puerta, supe que iba a ser difícil decirle a Javier que lo nuestro (lo que fuera que teníamos) se había acabado. -Me alegro de que hayas podido venir, Annie –dijo él, mientras que yo cerraba al entrar. Como siempre, Javier irradiaba esa seguridad en sí mismo, estaba sonriente, mirándome con cariño. Se acercó rápidamente para darme un beso, que yo le devolví incómoda. -¿Has tenido algún problema para venir, bella? –me preguntó, quizá dándose cuenta de mi rechazo. Carraspeé nerviosa. -¿Más problemas que los de engañar a mi prometido? –contesté, apartando la mirada –; no, ninguno. Kev sigue sin saber nada. Él esbozó una sonrisa entre triste y alegre, demasiado raro como para entenderla. Supuse que estaba contento porque al fin y al cabo, yo seguía yendo a verle cuando me lo pedía, pero triste porque no querría verme tan apagada. -Ya sabes que eso podría tener fácil solución: déjale, vámonos juntos –me dijo por milésima vez. Desde que habíamos empezado a vernos él insistía en que estando al lado de Kevin, mi libertad se había terminado, que debería cumplir sus expectativas cuando nos casáramos, que me obligaría a dejar de ser como era. Pero todo eso ya lo sabía yo. -No puedo… dejarle –murmuré, mientras que él clavaba sus ojos azules en mi cara. Tomé aire, deseando acabar de una vez por todas –. No me siento bien haciéndole esto a Kevin. Él me miró confundido. -Pero dijiste que ya no le querías –replicó, separándose ligeramente de mí, como repelido por mis palabras. Mi cabeza era un lío de pensamientos y sentimientos, y seguía sin poder aclararme. -Ya sé que te dije… -Se me quebró la voz –; ya sé que te dije que no le quería. Pero no era cierto. Javier seguía medio aturdido. -Annie, fuiste tú quien me llamó cuando yo ya estaba fuera de aquí, intentando olvidar a Liz. -¡No me llames Annie! –exclamé. Me dolía pensar que él aún podía expresar algo de cariño hacia mí. -Anne… si no me hubieras llamado para preguntarme cómo estaba… -Me equivoqué al hacerlo, ¿vale? Sólo intentaba ser amable –mentí –. Eres el primo de April. -¿Y qué? –contestó él, con algo más de agresividad en su voz. Empecé a dar vueltas por la habitación, cada vez más nerviosa y desesperada. Me había metido en un lío bastante grande, y sabía que no podía borrar mis actos así como así. -No puedo… seguir haciéndole esto a Kevin. -Entonces, ¿todo lo que hemos estado viviendo este tiempo tú y yo ha sido mentira? Cuando me dijiste que te estabas enamorando de mí, ¿mentías? –preguntó Javier, obligándome a detenerme y a mirarle a los ojos. Estaba segura de que de un momento a otro las lágrimas empezarían a escapárseme, así que cerré con fuerza los párpados, intentando no ver su cara cuando lo dijera. -Sí. Sus manos, antes clavadas en mis hombros, se relajaron hasta soltarme. Sin atreverme a abrir los ojos aún, oí cómo Javier dejaba escapar un suspiro. -Jamás pensé eso de ti, Annie. Siempre había pensado que… que eras una buena chica, que no me harías daño. Seguía llamándome Annie. Nadie lo había hecho desde que era pequeña… ni siquiera mi madre. -Lo-lo siento –balbuceé, abriendo los ojos por fin. Javier esbozó una sonrisa amarga, encogiéndose de hombros. -No importa; estoy acostumbrado a que me rompan el corazón –odié que dijera eso –. Espero que tengas una bonita boda… y una vida perfecta con tu futuro marido. Apartó la cara demasiado rápido, dirigiéndose con paso acelerado hacia la puerta. Me quedé un rato allí de pie, en la misma posición, mirando la salida en silencio. Si había tomado la decisión correcta (seguir con Kevin, mi prometido), ¿por qué notaba como si mi corazón se acabara de encoger? -NARRA APRIL- Los días previos a la boda pasaron demasiado rápido manteniéndonos a todos ocupados, de manera que cuando nos dimos cuenta, ya era sábado por la mañana. La ceremonia era el domingo por la tarde y esa misma noche habría una fiesta en honor a los novios, como una despedida de soltero. -¿Crees que le gustará la idea? –le pregunté a Nick, mientras que él seguía mirando los papeles con el plan para esa noche. Él y Joe le habían preparado la fiesta en secreto, de manera que Kev no se esperaba nada. -Si no le gusta, lo emborracharemos y le dejaremos durmiendo en uno de los camarotes mientras que nosotros aprovechamos el yate –contestó Joe, que estaba sentado en el otro sofá del salón de los Jonas. Los padres habían salido con Anne y Kevin para ultimar los detalles del salón en el que se celebraría el banquete, mientras que Joe, Nick, Liz y yo nos quedamos en su casa, repasando el plan. -Estoy seguro de que le gustará –murmuró Nick, al parecer enfrascado leyendo el contrato de alquiler del yate. -No me puedo creer que vayáis a alquilar un barco para una fiesta privada en alta mar –intervino Liz, hasta entonces demasiado absorta. -¿Es que ahora las Galletitas no soportan el mar? –espeté intentando sonar graciosa. Ella me dirigió una mueca. -Las Galletitas adoran el mar, pero no quieren caerse por la borda si beben mucho –contestó Liz. -Intentaré mantenerte alejada –le aseguré. -¿Entonces no podemos llevar las coronas con brillantes falsos? –insistió Joe, jugueteando con una pequeña tiara de color plateado con grandes piedrecitas rosas. Nick resopló –¡venga, Nicholas! Estoy seguro de que sería divertido. -No sabía que tenías complejo de Princesa, Joseph –contestó el pequeño, con aire distraído. Liz y yo nos reímos, mientras que el aludido pareció ofenderse. -Que yo recuerde, fuiste tú el que llevó la corona de flores aquella noche, Nicholas –replicó el mediano. Acordarme de Nick llevando esa corona de flores, cual hada del bosque, hizo que me entrara un ataque de risa más intenso, y al parecer lo mismo le pasó a Liz. -Esa noche no cuenta –murmuró Nick, lanzándole una mirada fulminante a su hermano. Sabía que él quería borrar eso de nuestras mentes, pero era imposible. -¿Está David invitado a la fiesta? –pregunté al cabo de un rato. Joe se movió incómodo en su asiento. -Pues… sí –contestó en voz baja –. Un grupo de amigos será suficiente. -¿30 personas? –preguntó Nick, haciendo recuento. Liz volvió a resoplar, al parecer aburrida. -¿No sería mejor una fiesta privada con sólo nosotros? –dijo por segunda vez. Ya lo había propuesto antes. -Venga, Galletita. ¿Dónde quedan las ganas de un poco de fiesta? –le dijo Joe –¡cuanta más gente, mejor! -Ya verás que no piensas lo mismo cuando una foto tuya borracho y con corona se cuele por internet –contestó Liz. Abrí los ojos como platos, porque no había considerado esa posibilidad. ¿Y si se colaba algún topo en la fiesta? -Por eso mismo es en alta mar: para que nadie pueda hacer fotos no autorizadas –intervino Nick –. Big Rob controlará a la gente que sube al barco, para que no se cuele nadie peligroso. El plan parecía bueno. Pero, ¿y si los paparazzi llegaban al barco buceando y luego hacían las fotos? Decidí que estaba exagerando. -¿Vamos a juntar a los dos novios? –pregunté, pensando en Anne. -Habrán dos zonas: la de chicos y la de chicas. Supongo que podemos poneros a vosotras en proa y nosotros estaremos en popa –dijo Joe, consultando los planos del yate –y quizá al final de la noche nos juntemos. Todos asentimos, de acuerdo con la idea. De pronto, el móvil de Joe empezó a sonar, haciendo que él diera un respingo. Liz y yo nos quedamos mirándole con curiosidad, mientras que Nick seguía enfrascado en los papeles, haciendo cuentas y asegurándose de que todo estuviera en orden. -¿Sí? –descolgó Joe, después de mirar con el ceño fruncido la pantallita. Rápidamente, se apartó el auricular del oído, como asustado. Incluso yo, que estaba a un metro de distancia de él, pude escuchar el chillido que dio quienquiera que hubiera llamado. Liz entrecerró los ojos, intrigada. -¿Quién es? –preguntó. Joe se encogió de hombros. -¿Hola? –dijo él, poniendo el teléfono en altavoz para que todos pudiéramos oírlo. Se oyó un ruido nervioso, seguido de algo parecido a un tembleque. -¿E-eres Joe Jonas? –preguntó una voz chillona desde el otro lado. Liz entrecerró tanto los ojos que ahora simplemente eran dos rendijas. -Sí… ¿quién eres tú? –respondió el aludido. Hasta Nick alzó la cabeza, intrigado por la situación. Se volvieron a oír gritos emocionados, seguidos de lo que parecieron ser un grupito de chicas hablando entre ellas. Intenté contener la risa, sospechando lo que estaba pasando. -¡No me puedo creer que haya conseguido tu número de teléfono! ¡No-no es posible! –habló la que había llamado –¿Veis? ¡Os lo dije, chicas! ¡Joe, te quiero! -¡Cásate conmigo! –gritó otra, de fondo. Nick parecía estar aguantándose las carcajadas, igual que yo mientras que el pobre Joe estaba blanco como la pared. Sin embargo, Liz parecía echar humo. -Chicas… calma, por favor –dijo Joseph, mientras que ellas parecían volverse cada vez más locas. De repente, Liz le arrebató el móvil de un zarpazo. -¿Sabéis con quién estáis hablando? –les preguntó Liz con agresividad. Las chicas se quedaron calladas –: con mi novio. ¡Haced el favor de mostrar un poco de respeto, histéricas! Y a continuación colgó. Nick y yo empezamos a reírnos de buena gana, hasta el punto de tener que sujetarnos la barriga del dolor. Mientras, Liz se había cruzado de brazos enfurruñada a la vez que Joe la miraba desconcertado. -¿Por qué has hecho eso? –le preguntó él. Nick y yo nos callamos de golpe, quizá porque la voz de Joe sonaba demasiado seria. Liz le miró como si se hubiera vuelto loco. -¿Por qué he hecho qué? –respondió ella con altanería. -¡Hablarles de ese modo! –exclamó Joe. Ahora sí que no tenía nada de ganas de reírme: estaba presenciando una pelea entre Joe y Liz… una más. -¿De qué modo? Nick intentó hacerse con el mando de la situación. -Ya vale… dejémoslo estar –dijo, con su voz calmada. Sin embargo, no tuvo ningún efecto en ellos. -¡¿De qué modo? –espetó el mediano –. Ellas son importantes para mí, Liz, no puedes gritarles histéricas y tratarlas tan descortésmente. Deberías saberlo ya. -¿Importantes para ti? ¿Y qué hay de mi, Joseph? ¿Yo no soy importante para ti? –rugió Liz. Nick y yo intercambiamos una mirada asustada. En realidad, no deberíamos estar presenciando esa escena. -Si te sigues comportando de esa manera, no –respondió quedamente Joe, perforando con su mirada a Galleta. Respirando agitadamente, Liz se levantó del sofá, para luego gritarme: -Llévame a casa, April. La miré, indecisa. -Lizzie… tengo que quedarme a ayudar a Nick para preparar lo de esta noche –respondí en voz baja. No me había gustado su forma de pedírmelo, pero decidí pasarlo por alto. Aún así, ellos me necesitaban allí, y yo quería que todo saliera bien. Liz resopló, pasando por mi lado. -Iré andando. Y salió del salón, dejándonos a todos parados. Hasta que no se escuchó la puerta de salida de la casa Joe no reaccionó. Entonces, pareció darse cuenta de lo que acababa de pasar, así que se levantó nervioso. -Nick… ¿puedes… puedes encargarte tú de lo que falta? –murmuró mirando al pequeño. El de pelo rizado asintió brevemente. -Pero tendrás que estar aquí a la hora acordada, Joe –le dijo, mirándole fijamente –. Kevin se merece esto, con todos nosotros. Me di cuenta de que recalcaba la palabra todos. Joe asintió quedamente. Sin embargo, no se dirigió hacia la puerta principal, sino hacia las escaleras, supuse que hacia su habitación. Esperé hasta que oí la puerta cerrarse para dirigirme a Nick. -¿Qué hace? –murmuré, alarmada. No quería ni siquiera imaginar que Joe iba a dejar de pelear por Liz. -Dale tiempo –contestó mi novio, pensando –. Uno de los dos tendrá que reconocer su error tarde o temprano. -Pero, ¿y si es más bien tarde que temprano? Posted this 1 year ago ♥
|
My Corner True love doesn't have happy endings because true love never ends. And letting it go is a way of saying I love you. Fourteen years old. I'm the type of girl who loves the life, rainbows, butterflies, .... and the Jonas Brothers. Miley Cyrus & Demi Lovato are my rol models, such the most beautiful girls around the world. Okay that's all. xoxo, -Beleen. | |